Eso que no dices te hace daño

Me está resultando muy interesante la relación que hace Foucault, via Sócrates, entre el hablar franco (la parrhesia de la que hablaba el otro día) y la voluntad de cuidar al otro.

La noción de que las ideas falsas pueden causar enfermedad está en la base de esta relación entre el hablar franco y el concepto de epimeleia (cuidar, de otros o de si mismo). Las ideas falsas pueden prender en tu cabeza y hacer que en tu relación con el entorno tomes decisiones equivocadas. Pueden hacer que tus principios éticos, la forma en la que conduces tu vida, no tengan relación con la realidad y, al final, las decisiones que tomas no te conduzcan a una vida más feliz.

Por eso necesitamos un entorno, o alguien al menos, con el que poder practicar este hablar franco, parresía. Ya que será a través del diálogo como nos aproximemos a la verdad. Y la verdad es condición necesaria para una vida bella, una buena vida. Ya que, como he dicho antes, las ideas no basadas en la verdad pueden causar la enfermedad del espíritu.

Así pues, ¿cuáles son las condiciones necesarias para este hablar franco? Para el que lo ejerce es necesario ante todo el coraje, valor de decir la verdad. De no esconderse a pesar de las posibles consecuencias. Estas consecuencias negativas provienen de un posible conflicto entre el emisor del hablar franco y el receptor. Una manera de sortear estas dificultades es establecer un dialogo entre iguales, compartir un ethos y un logos. Es decir un discurso común (logos) y una manera de conducirse común (ethos). Y si no común, por lo menos compatibles. Esto hace que el coraje necesario para el hablar franco sea menor ya que las posibilidades de incompresión, y por lo tanto de conflicto, son menores.

Lo bueno es que la interacción entre personas continuada en el tiempo tiende a crear un discurso y una ética común. Como se suele decir: el roce hace el cariño.

Seguramente sea por todo esto por lo que el conocimiento surge en comunidad, necesitamos de eso que surge de la interacción continuada entre personas que se hayan en parresía para llegar a la verdad.

¿Y qué tiene todo esto que ver con el título del post? Pues que sin el coraje de mostrarse tal como eres, aquello que no dices, nos estamos negando la posibilidad de construir una verdadera comunidad en nuestro entorno. Y así es dificil que lleguemos establecer las condiciones necesarias para el hablar franco, para poder llegar a la verdad y a través de ella a una vida feliz.

Y esto, amigos, hay que decirlo más.

Libertad de marchar

En los marcadores de Cartograf encuentro un enlace de Bianka: The Most Basic Freedom Is Freedom to Quit. El título me llama porque una de las condiciones básicas del federalismo es la libertad de anular los acuerdos que te unen al resto y marchar a donde mejor te parezca.

En el enlace pone el ejemplo de las bandas de cazadores/recolectores en donde por lo visto la libertad de coger tus cosas y marcharte es bastante usual. Tiendo a recelar de los estudios que ponen de ejemplo a este tipo de sociedades, el meme del buen salvaje ha hecho mucho daño. Pero aún así, independientemente de los usos y costumbres de las bandas de cazadores/recolectores creo que la libertad de marchar es la base de una sociedad sana. Y la clave, creo, es que sin esta libertad no se puede dar la parrhesia, el hablar franco, del que habla Foucault (con suerte habrá más sobre este tema próximamente). Nadie dirá lo que realmente piensa si sabe que, llegado el caso, no se podrá marchar y le harán la vida imposible.

Otra parte interesante de esta libertad de marchar es que tiene dos vertientes: Por una parte la “legal” es decir, que no haya impedimentos a que te puedas marchar cuando así lo decidas y por otra parte la “económica”. Está muy bien que nadie te retenga contra tu voluntad, pero si no vas a poder ganarte la vida por tu cuenta es muy posible que elijas no ejercer tu libertad de marchar.

¿Y tú me preguntas qué es el Software Libre?

El software libre eres tú.

Disculpenme la cursilada Becqueriana, pero esta mañana me he encontrado con la decisión de Google de jubilar el Google Reader. Y me he alegrado. Me he alegrado porque llevo un tiempo dándole vueltas a la idea de abandonar todos los servicios de la empresa del don´t be evil. El único servicio que todavía uso a diario es el Reader y este es el empujoncito que me faltaba.

¿Qué como voy a hacerlo? Con software libre y un poco de ayuda de la comunidad.

Hoy es un buen día para el Software Libre. Hoy es un buen día para tí.

De cambios y consecuencias

Hace no tanto tiempo la gente se dotaba de identidad a través de grandes estructuras que ya estaban allí cuando nacían y que continuarían ocupando el mismo espacio cuando ellos muriesen. Religión, Estado, Clase marcaban tu identidad y regulaban buena parte de tu vida. Estas estructuras ejercían su influencia como si de unos diques se trataran: interponiéndose entre la realidad dura, fea, extraña y un espacio uniforme, tranquilo y respetable de puertas adentro. Este efecto se conseguía sacrificando parte de la diversidad.

Uniformizando la manera de responder a los estímulos externos se minimizan los riesgos, y así es como conseguimos un tranquilo y acogedor campo gris.

Aunque visto con los ojos de una persona actual nos pueda parecer una perspectiva no demasiado halagüeña, en realidad es como se ha luchado tradicionalmente contra la escasez: eliminando las opciones se consiguen reducir también los riesgos. De hecho es un sistema que funciona bastante bien en entornos cerrados y controlados. El problema viene cuando los entornos dejan de ser cerrados y controlados. Cuando de un entorno centralizado se pasa a una gradual descentralización, o yendo aún más allá, a un entorno distribuido, es cuando esta estrategia empieza a dejar de funcionar.

Por definición, un entorno es distribuido cuando ninguno de los elementos que lo forman tiene poder para afectar al resto. Es decir, nadie tiene el poder suficiente como para recortar las opciones de los demás.

La historia moderna ha ido avanzando cada vez más por esta senda: los avances en comunicaciones, ciencia, tecnología y de calidad de vida han hecho que la baraja de oportunidades a la hora de vivir tu vida sea cada vez más amplia. Una consecuencia es que la estrategia centralizadora de las viejas estructuras se tambalea, la otra es que los diques que proveían de tranquilidad y estabilidad de puertas adentro también se resquebrajan.

Y lo que parecía bueno, abundancia de opciones, acaba dando miedo. Algunas personas se ahogan en el mar de posibilidades que se les ofrece. No saben gestionar la abundancia.

Este es el proceso del que habla Ulrich Beck en su libro Individualization: Institutionalized Individualism and its Social and Political Consequences.

La caida de las viejas estructuras: estado, familia, iglesia que durante mucho tiempo han sido generadores de identidad y han dado cierta sensación de estabilidad hace que las personas sientan cierta indefensión e impotencia a la hora de enfrentarse a las decisiones de la vida.

El problema es la indefensión aprendida, las viejas estructuras daban una cierta sensación de seguridad a cambio de anular la capacidad de pensar y decidir. Hacían de pantalla entre la realidad y las personas. Al caer estas estructuras ahora nos vemos obligados a enfrentarnos a la realidad en toda su crudeza. Esto no debería ser un problema ya que la vida consiste, básicamente, en resolver problemas. Pero cuando se sale de la concha protectora que te aislaba del mundo se carecen de las herramientas necesarias para resolver estos problemas.

Internet fue una utopía que, oh sorpresa no se cumplió, pero si superamos esta desilusión podemos ver que los elementos siguen ahí para quien quiera usarlos. Internet te puede empoderar y hacerte más libre su tú quieres. Hay cierto infantilismo en decir que como no me ha funcionado es que no vale. Internet va de comunicarse con otras personas sin necesidad de nodos centralizadores, y eso sigue siendo posible. Ciertamente no en servicios recentralizadores como Facebook, Twitter y demás. Pero se puede hacer y seguimos teniendo las herramientas necesarias. Sólo falta querer hacerlo.

Makers

El otro día leía una nota de Jose sobre el fin de la burbuja de emprendedores en ‘El Valle’, me recordó mucho a Makers de Cory Doctorow. El final de una época en la que parecía que todo valía. Una época en la que se podía hacer mucho dinero en los más variopintos negocios web sin saber programar, sin tener experiencia, sin tener capital. Una época en la que parecía que sólo con la convicción valía, en contra del principio hacker de ‘actitud no es sustituto de aptitud’. Y claro, al final parece que los esquemas de Ponzi acaban siempre igual.

Y aunque me ha recordado, también creo que al contrario de en el libro de Doctorow, la próxima revolución productiva no se dará en slums en los barrios residenciales de los Estados Unidos. Para encontrar esta revolución, que ya se está dando, deberíamos mirar hacia las zonas productivas de China, y a la diáspora china en todo el mundo. Tiene sentido: el conocimiento se desplaza allá dónde se va la producción.

Ahora bien, al hablar de las zonas productivas de China no me refiero a los grandes talleres donde se producen los bienes de consumo masivo que al final acaban en los grandes almacenes de europa y USA. No, me refiero a los talleres en los que se fabrican productos de nicho como los mini pc de Miniand. Esta empresa chino-australiana diseña productos destinados a frikis que se fabrican en Guangzhou y luego se venden a través de su tienda online a todo el mundo.

Y qué podemos aprender de esto

Internet ha facilitado que empresas con, relativamente, poco capital den el salto y actúen a nivel internacional. De ahí que veamos aparecer empresas dedicadas a nichos pequeños que antes era poco rentable explotar. Localmente este tipo de mercados no dan mucho de si, pero cuando vendiendo a través de internet puedes llegar a medio mundo la historia cambia. Es la consecuencia directa de conectar mercados.

Por otra parte Internet también nos ha enseñado la potencia de las comunidades de desarrollo de software libre. Cuando conectamos personas e ideas la creatividad se desata y se retroalimenta. De esta manera se consiguen tiempos de desarrollo de nuevos productos en plazos y costes extraordinarios.

Si aprendemos a utilizar Internet para conectar mercados, persona e ideas tendremos una multitud de nuevas posibilidades de mercado a explotar y una forma muy productiva de desarrollar los productos con los que explotar estas nuevas oportunidades.

Es decir, volvemos al mejor sitio para trabajar del mundo.