Libertad de marchar

En los marcadores de Cartograf encuentro un enlace de Bianka: The Most Basic Freedom Is Freedom to Quit. El título me llama porque una de las condiciones básicas del federalismo es la libertad de anular los acuerdos que te unen al resto y marchar a donde mejor te parezca.

En el enlace pone el ejemplo de las bandas de cazadores/recolectores en donde por lo visto la libertad de coger tus cosas y marcharte es bastante usual. Tiendo a recelar de los estudios que ponen de ejemplo a este tipo de sociedades, el meme del buen salvaje ha hecho mucho daño. Pero aún así, independientemente de los usos y costumbres de las bandas de cazadores/recolectores creo que la libertad de marchar es la base de una sociedad sana. Y la clave, creo, es que sin esta libertad no se puede dar la parrhesia, el hablar franco, del que habla Foucault (con suerte habrá más sobre este tema próximamente). Nadie dirá lo que realmente piensa si sabe que, llegado el caso, no se podrá marchar y le harán la vida imposible.

Otra parte interesante de esta libertad de marchar es que tiene dos vertientes: Por una parte la «legal» es decir, que no haya impedimentos a que te puedas marchar cuando así lo decidas y por otra parte la «económica». Está muy bien que nadie te retenga contra tu voluntad, pero si no vas a poder ganarte la vida por tu cuenta es muy posible que elijas no ejercer tu libertad de marchar.

¿Y tú me preguntas qué es el Software Libre?

El software libre eres tú.

Disculpenme la cursilada Becqueriana, pero esta mañana me he encontrado con la decisión de Google de jubilar el Google Reader. Y me he alegrado. Me he alegrado porque llevo un tiempo dándole vueltas a la idea de abandonar todos los servicios de la empresa del don´t be evil. El único servicio que todavía uso a diario es el Reader y este es el empujoncito que me faltaba.

¿Qué como voy a hacerlo? Con software libre y un poco de ayuda de la comunidad.

Hoy es un buen día para el Software Libre. Hoy es un buen día para tí.

De cambios y consecuencias

Hace no tanto tiempo la gente se dotaba de identidad a través de grandes estructuras que ya estaban allí cuando nacían y que continuarían ocupando el mismo espacio cuando ellos muriesen. Religión, Estado, Clase marcaban tu identidad y regulaban buena parte de tu vida. Estas estructuras ejercían su influencia como si de unos diques se trataran: interponiéndose entre la realidad dura, fea, extraña y un espacio uniforme, tranquilo y respetable de puertas adentro. Este efecto se conseguía sacrificando parte de la diversidad.

Uniformizando la manera de responder a los estímulos externos se minimizan los riesgos, y así es como conseguimos un tranquilo y acogedor campo gris.

Aunque visto con los ojos de una persona actual nos pueda parecer una perspectiva no demasiado halagüeña, en realidad es como se ha luchado tradicionalmente contra la escasez: eliminando las opciones se consiguen reducir también los riesgos. De hecho es un sistema que funciona bastante bien en entornos cerrados y controlados. El problema viene cuando los entornos dejan de ser cerrados y controlados. Cuando de un entorno centralizado se pasa a una gradual descentralización, o yendo aún más allá, a un entorno distribuido, es cuando esta estrategia empieza a dejar de funcionar.

Por definición, un entorno es distribuido cuando ninguno de los elementos que lo forman tiene poder para afectar al resto. Es decir, nadie tiene el poder suficiente como para recortar las opciones de los demás.

La historia moderna ha ido avanzando cada vez más por esta senda: los avances en comunicaciones, ciencia, tecnología y de calidad de vida han hecho que la baraja de oportunidades a la hora de vivir tu vida sea cada vez más amplia. Una consecuencia es que la estrategia centralizadora de las viejas estructuras se tambalea, la otra es que los diques que proveían de tranquilidad y estabilidad de puertas adentro también se resquebrajan.

Y lo que parecía bueno, abundancia de opciones, acaba dando miedo. Algunas personas se ahogan en el mar de posibilidades que se les ofrece. No saben gestionar la abundancia.

Este es el proceso del que habla Ulrich Beck en su libro Individualization: Institutionalized Individualism and its Social and Political Consequences.

La caida de las viejas estructuras: estado, familia, iglesia que durante mucho tiempo han sido generadores de identidad y han dado cierta sensación de estabilidad hace que las personas sientan cierta indefensión e impotencia a la hora de enfrentarse a las decisiones de la vida.

El problema es la indefensión aprendida, las viejas estructuras daban una cierta sensación de seguridad a cambio de anular la capacidad de pensar y decidir. Hacían de pantalla entre la realidad y las personas. Al caer estas estructuras ahora nos vemos obligados a enfrentarnos a la realidad en toda su crudeza. Esto no debería ser un problema ya que la vida consiste, básicamente, en resolver problemas. Pero cuando se sale de la concha protectora que te aislaba del mundo se carecen de las herramientas necesarias para resolver estos problemas.

Internet fue una utopía que, oh sorpresa no se cumplió, pero si superamos esta desilusión podemos ver que los elementos siguen ahí para quien quiera usarlos. Internet te puede empoderar y hacerte más libre su tú quieres. Hay cierto infantilismo en decir que como no me ha funcionado es que no vale. Internet va de comunicarse con otras personas sin necesidad de nodos centralizadores, y eso sigue siendo posible. Ciertamente no en servicios recentralizadores como Facebook, Twitter y demás. Pero se puede hacer y seguimos teniendo las herramientas necesarias. Sólo falta querer hacerlo.

Makers

El otro día leía una nota de Jose sobre el fin de la burbuja de emprendedores en ‘El Valle’, me recordó mucho a Makers de Cory Doctorow. El final de una época en la que parecía que todo valía. Una época en la que se podía hacer mucho dinero en los más variopintos negocios web sin saber programar, sin tener experiencia, sin tener capital. Una época en la que parecía que sólo con la convicción valía, en contra del principio hacker de ‘actitud no es sustituto de aptitud’. Y claro, al final parece que los esquemas de Ponzi acaban siempre igual.

Y aunque me ha recordado, también creo que al contrario de en el libro de Doctorow, la próxima revolución productiva no se dará en slums en los barrios residenciales de los Estados Unidos. Para encontrar esta revolución, que ya se está dando, deberíamos mirar hacia las zonas productivas de China, y a la diáspora china en todo el mundo. Tiene sentido: el conocimiento se desplaza allá dónde se va la producción.

Ahora bien, al hablar de las zonas productivas de China no me refiero a los grandes talleres donde se producen los bienes de consumo masivo que al final acaban en los grandes almacenes de europa y USA. No, me refiero a los talleres en los que se fabrican productos de nicho como los mini pc de Miniand. Esta empresa chino-australiana diseña productos destinados a frikis que se fabrican en Guangzhou y luego se venden a través de su tienda online a todo el mundo.

Y qué podemos aprender de esto

Internet ha facilitado que empresas con, relativamente, poco capital den el salto y actúen a nivel internacional. De ahí que veamos aparecer empresas dedicadas a nichos pequeños que antes era poco rentable explotar. Localmente este tipo de mercados no dan mucho de si, pero cuando vendiendo a través de internet puedes llegar a medio mundo la historia cambia. Es la consecuencia directa de conectar mercados.

Por otra parte Internet también nos ha enseñado la potencia de las comunidades de desarrollo de software libre. Cuando conectamos personas e ideas la creatividad se desata y se retroalimenta. De esta manera se consiguen tiempos de desarrollo de nuevos productos en plazos y costes extraordinarios.

Si aprendemos a utilizar Internet para conectar mercados, persona e ideas tendremos una multitud de nuevas posibilidades de mercado a explotar y una forma muy productiva de desarrollar los productos con los que explotar estas nuevas oportunidades.

Es decir, volvemos al mejor sitio para trabajar del mundo.

Tiempos de cambio

Hace unos días leía a Jose hablar sobre la madurez de la tecnoutopía, en su post Jose hablaba de cómo una parte de cómo se ha llegado a una especie de decepción sobre las consecuencias reales que ha traido la Red a nuestras vidas. En algún momento se habló de como esta nueva tecnología iba a transformar de una manera completamente revolucionaria nuestras vidas. Y ahora, cuando miramos a nuestro alrededor parece que no ha sido así. Ha habido cambios, es cierto, pero afectan más a la superficie que al fondo. Todo cambia para que todo siga igual.

Y claro, hay quien piensa que ha sido una gran oportunidad perdida.

El caso es que a la vez estoy terminando de leer La reacción y la revolución de Pi i Margall en principio más porque me interesaba la vertiente federalista de este autor y después de leer El principio federativo de Proudhon tenía curiosidad por su visión, digámoslo, más ibérica.

¿Y qué tiene que ver un libro escrito por un anarquista español en 1854 con la decepción tecnoutopista de principios del siglo XXI?. En principio no mucho, pero me ha llamado la atención el que Pi i Margall estaba convencido en su libro de vivir tiempos de cambio. Habla del momento histórico en el que se encuentra y de la importancia de los cambios que se estaban viviendo. Habla de la decadencia moral del país, habla de la crisis política y económica. Habla de la falta de ideas. Habla de muchas cosas que hoy nos resultan familiares.

Todas las generaciones piensan que viven un momento histórico de cambio, y cuando no ven los frutos esperados de sus revoluciones particulares llega la frustración, la parálisis, el dar la razón a los que desde el principio dudaban. El error es no darse cuenta de que todo es cambio, que la la clave no son los avances tecnológicos ni los momentos históricos concretos. Son las ideas lo que realmente lo mueve todo.

Y por eso creo que no valen los atajos ni las prisas. La clave está, a mi entender, en el cambio continuado y pausado que tiene las ideas claras. Y creo también que el único cambio que merece la pena es el que tiene a las personas en el centro.

Por eso la tecnoutopía fallaba en hacer hincapié en la tecnología, pero no en el fondo ya que estos avances han empoderado a mucha gente. También creo que Pí i Margall fallaba en la urgencia de sus propuestas pero no en el fondo: su sistema federalista que antepone la soberanía personal a la soberanía del estado es el camino a seguir.