Un blog como cuaderno de notas

Hace no mucho que di el paso y me convertí en un orgulloso portador de un smartphone. Al principio entre la novedad y el desconcierto no supe valorar bien lo que vale un cacharro de estos y pensaba que mi ebook era una herramienta mucho mas transformadora.

Creo que me equivocaba, sigo sin atreverme a decir cual de esta dos herramientas que llevo encima todos los dias es mas transformadora pero empiezo a ver que utilizar un dispositivo de este tipo puede abrirte un mundo de posibilidades.

En mi caso me posibilita empezar a a utilizar el blog como un verdadero cuaderno de notas. Escribir me cuesta horrores y es algo que sólo me sale en momentos de inspiración. Tener que esperar a llegar a casa para escribir un post hace que se pierda mucha de esta inspiración. Al final la mayoría de las ideas se quedan en el tintero. Poder hacerlo en cualquier momento, separando el momento inspiración, que es impulsivo del de edición que es mas reflexivo creo que puede ayudarme a escribir más, y parafraseando al gran Urrutia: escribo para saber lo que pienso. Y ojo que digo escribir. No todo lo que escribo acaba viendo la luz.

Es una herramienta que puede ser muy poderosa pero como ya dijo Stan Lee: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. El problema es que se te pueden colar muchos “ladrones de tiempo”, por eso al principio del post decía que un smartpone puede abrirte un mundo de posibilidades. Al fin y al cabo las tecnologías sólo son empoderadoras si las utilizas en tu provecho. Si no, sólo servirán para que otra gente se aproveche de tí.

Cambios de horas y otros temas

Últimamente se ha estado hablando mucho de horarios, de si cambiar de huso horario traería muchísimas ventajas y todos podríamos salir mucho antes de trabajar para conciliar mejor vida laboral y personal. Y en esta semana nos ha tocado volver, otra vez, al debate bianual de si cambiar al horario de invierno y de verano realmente genera ahorros.

Como hace mucho que no escribo por aquí voy a contaros mi última experiencia con los horarios.

Por decirlo finamente, este final de curso ha sido un horror. Mucho trabajo que había que sacar antes de irse de vacaciones, jornadas interminables, estrés. Una mierda, vaya. Una mierda cotidiana, pero una mierda al fin y al cabo.

Para evitar el sentimiento de que sólo trabajaba, y aprovechando lo largos que son los días en verano por estas latitudes, lo que hacía era arañar horas al sueño y alargar los días. Vamos, que dormía seis horas o menos diarias. Para algunas personas esto puede ser lo normal, pero para mí es un horror. Para mantenerme como persona necesito unas siete horas, para estar fresco como una rosa ocho.

Al principio todo iba más o menos, sabía que estaba durmiendo poco, pero bueno. Podía con ello, de hecho tenía una cierta sensación de euforia. Para sobrellevar las mañanas me tomaba más café de lo normal. Otro error. Tengo muy poca tolerancia a los estimulantes, de hecho con más de tres tazas de café al día me dan taquicardias.

Poco a poco, la sensación de euforia se fue convirtiendo en otra cosa. Al principio me notaba irritable, luego me costaba pensar, y al final era una especie de desecho humano que se arrastraba sin más. Llegué a pensar que estaba perdiendo capacidades, simplemente no entendía las cosas, me costaba retener información. Lo pasé mal.

Por suerte, en mi departamento son de la vieja escuela, a veces viene bien, y nos vamos todos en Agosto. Esto me dio tiempo a recuperarme y tomar cierta perspectiva. No, no me había vuelto tonto de repente. Simplemente la falta de sueño y el exceso, para mi, de estimulantes estaban afectando a mi capacidad cognitiva. La solución, muy simple, desde septiembre me estoy forzando a irme a la cama a las 11 y dormir por lo menos 7 horas. El café, una taza diaria. Después de comer y para socializar con los compañeros.

Y funciona. No solo he notado que soy mucho más productivo, sino que me siento más feliz. Algo parecido me pasó cuando decidí no salir de casa sin desayunar en condiciones.

En este país, por lo menos en mi entorno, se duerme poco y tenemos costumbres alimenticias un tanto peculiares: desayunar poco o nada, cenar muy tarde y mucho. Y estos detalles, aunque parezcan tonterías afectan a nuestra calidad de vida mucho más de los que nos pensamos. Lo bueno es que no hace falta esperar a que desde el gobierno nos pongan la hora de Inglaterra (o de Portugal o Canarias) para tomar cartas en el asunto. Somos muy libres de ir probando lo que nos viene bien a nosotros.

Y si les sigue interesando el tema del cambio de hora, pásense por los foros de Versvs. Gente mucho más interesante que yo lleva unos días hablando del tema.

Aprendiendo

La de vueltas que da uno cuando se pone a aprender cosas. Estaba yo con el tutorial de Python “Learn Python the Hard Way” (curioso método por cierto) cuando de repente se me empezaron a ocurrir ideas para un tema completamente diferente:

Un script que me abra el navegador en una determinada página todas las mañanas, pero sólo si es antes de determinada hora. Ya saben, algunos somos animales de costumbres y hacemos determinadas cosas todos los días a la misma hora.

Y me puse tan contento de conseguir que funcione que lo he colgado en github. Si a alguien le sirve, que lo comente, que me pondré todavía más contento.

Cosas que se hacen todos los días

Poner la cafetera, decidir que desayunas hoy, esperar a que empiece a oler a café mientras el ordenador se enciende. Poco a poco se va convirtiendo en un ritual. Empezar a leer los feed del TT-RSS. Encontrar un enlace, no encaja en el relato que estás construyendo, pero sí que puede encajarle a otros, compartirlo, seguir leyendo y encontrar algo que si te cuadra, guardarlo en tus marcadores. Seguir rastreando en busca de esas noticias que tendrás todo el día dando vueltas en tu cabeza. Vaya, se hace tarde, mejor salgo para el trabajo.

Desde hace más o menos un mes esta es mi rutina mañanera. Y quizá los mas avezados del lugar se hayan dado cuenta que en mis marcadores hay una etiqueta que se viene repitiendo mucho últimamente: energía.

La razón es que creo que estamos en medio de una revolución en el mundo de la generación y consumo de energía. Es un proceso que ya se ha visto en otros ámbitos de nuestra vida: en el ámbito del consumo de información hay quien lo llama desintermediación o reducción de escalas si hablamos de un entorno industrial. El fenómeno cada vez más está más extendido, y consiste básicamente en que la tecnología va haciendo más fácil el independizarse de nodos centralizadores que ejercen su poder sobre el resto de la red.

Este proceso en el mundo de la generación y consumo de energía se ha dado en llamar energía distribuida. Y desde Es la Energía quiero a aportar mi granito de arena.

Y cómo voy a aportar mi granito de arena. De momento con un resumen semanal de enlaces que considero interesantes para entender este proceso. Además, de vez en cuando, escribiré un post más largo sobre algún tema en concreto.

Espero que lo disfruten tanto como yo disfruto haciéndolo.

Eso que no dices te hace daño

Me está resultando muy interesante la relación que hace Foucault, via Sócrates, entre el hablar franco (la parrhesia de la que hablaba el otro día) y la voluntad de cuidar al otro.

La noción de que las ideas falsas pueden causar enfermedad está en la base de esta relación entre el hablar franco y el concepto de epimeleia (cuidar, de otros o de si mismo). Las ideas falsas pueden prender en tu cabeza y hacer que en tu relación con el entorno tomes decisiones equivocadas. Pueden hacer que tus principios éticos, la forma en la que conduces tu vida, no tengan relación con la realidad y, al final, las decisiones que tomas no te conduzcan a una vida más feliz.

Por eso necesitamos un entorno, o alguien al menos, con el que poder practicar este hablar franco, parresía. Ya que será a través del diálogo como nos aproximemos a la verdad. Y la verdad es condición necesaria para una vida bella, una buena vida. Ya que, como he dicho antes, las ideas no basadas en la verdad pueden causar la enfermedad del espíritu.

Así pues, ¿cuáles son las condiciones necesarias para este hablar franco? Para el que lo ejerce es necesario ante todo el coraje, valor de decir la verdad. De no esconderse a pesar de las posibles consecuencias. Estas consecuencias negativas provienen de un posible conflicto entre el emisor del hablar franco y el receptor. Una manera de sortear estas dificultades es establecer un dialogo entre iguales, compartir un ethos y un logos. Es decir un discurso común (logos) y una manera de conducirse común (ethos). Y si no común, por lo menos compatibles. Esto hace que el coraje necesario para el hablar franco sea menor ya que las posibilidades de incompresión, y por lo tanto de conflicto, son menores.

Lo bueno es que la interacción entre personas continuada en el tiempo tiende a crear un discurso y una ética común. Como se suele decir: el roce hace el cariño.

Seguramente sea por todo esto por lo que el conocimiento surge en comunidad, necesitamos de eso que surge de la interacción continuada entre personas que se hayan en parresía para llegar a la verdad.

¿Y qué tiene todo esto que ver con el título del post? Pues que sin el coraje de mostrarse tal como eres, aquello que no dices, nos estamos negando la posibilidad de construir una verdadera comunidad en nuestro entorno. Y así es dificil que lleguemos establecer las condiciones necesarias para el hablar franco, para poder llegar a la verdad y a través de ella a una vida feliz.

Y esto, amigos, hay que decirlo más.