Los últimos regalos que nos hemos hecho en casa son unos cursos. Uno de cocina tailandesa y el otro de hacer bombones. No creo que entren en la categoría de servicios ya que no necesitamos aprender a hacer a cocinar tailandés ni nos veo haciendo bombones en casa. Lo que nos hemos regalado son experiencias. Pasar un rato entretenidos al tiempo que satisfacemos nuestra curiosidad gastronómica.
Es algo de lo que ya hablé hace un tiempo, vender experiencias se va convirtiendo en una necesidad. Por eso me alegra ver como en mi barrio algunos comercios están entendiendo los tiempos que vienen y se están adaptando. Los cursos de La Bombonera de Barco o los cursos y catas de Cervezorama son una muestra de ello. Aparte de un complemento de ingresos.
Creo que para poder vender experiencias ‘reales’ hace falta cierto grado de carácter. Si una experiencia es percibida como falsa o como fabricada en serie, no funcionará. Hace falta la implicación del dueño, que se perciba su carácter y forma de ser en el producto. Como en el caso del fundador de la cervecería The Duck-Rabbit: un profesor de filosofía que deja su trabajo para montar una cervecería especializada en cervezas oscuras con un motto bien claro: “if I don’t like it, I don’t brew it”.
Y es que experiencia puede ser parte del mix producto/ servicio que se venda o puede ser algo completamente a parte. Es decir, experiencia puede ser cómo tienes decorado tu local o como atiendes a todo aquel que se pase por tu tienda. O puedes vender experiencias, sin más.
Todo esto me ha venido a la cabeza mientras degustaba tranquilamente la porter de The Duck-Rabbit que acabo de comprar en Cervezorama y pensaba en lo bien que combinaría con un bombón de jengibre de la Bombonera.
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He empezado con un curso que me parece muy interesante, tanto por el formato de curso online distribuido (MOOC por sus siglas en inglés) como por el tema: Learning Analitycs. Es decir el uso del análisis de información en el entorno del aprendizaje.
Uno de los materiales de la primera semana del curso es un video de Panagiotis Ipeirotis titulado “Big Data, Stupid decisions” que me recordaba a un comentario que hice en el blog de Bianka en el que expresaba mis dudas sobre la capacidad de determinadas personas de basar sus decisiones en análisis de datos.
En el video Panagiotis nos da sus tres claves a la hora de trabajar con datos:
- Medir teniendo en cuenta el contexto
- Medir lo que la gente hace, no lo que dice
- ¡Medir!
Mi aproximación se basaría en tener siempre en cuenta la posibilidad de que tu análisis no sea correcto. Es decir, a la hora de trabajar con datos siempre hay muchas variables que no controlamos o que se nos pueden escapar. Por eso lo más sensato es someter a pruebas tus conclusiones antes de lanzarte a tomar decisiones importantes.
Una buena manera de hacerlo es construyendo pequeños experimentos en condiciones controladas. Volver a medir. Volver a sacar conclusiones y volver a montar un nuevo experimento. Y vuelta a empezar.
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Que en un momento de mi vida fui un lector de la obra de Tolkien es algo que ya he comentado de pasada en alguna ocasión. Por eso hoy me ha llamado la atención enterarme a través de Lobo de que alguien decidió en su momento contar la historia de “El Señor de los Anillos” desde el punto de vista de Mordor, los malos en el original.
Más allá de la necesidad de hacer más complejas las tramas de la literatura fantástica, lo que me ha llamado la atención es el miedo del traductor a los herederos de Tolkien. Estos señores, bajo el amparo de la ley, están decididos a no permitir obras derivadas. Por lo que esta traducción se distribuye con un For non-commercial distribution only bien grande.
Una pena que este esfuerzo, ni me imagino lo que debe ser escribir o traducir una novela de 139.000 palabras, no se vaya a transformar en riqueza para nadie gracias a nuestras amadas leyes de protección de la propiedad intelectual (de los herederos).
Me parece conveniente hablar de este tipo de cosas en épocas de SOPAs, PIPAs, Sindes y demás gaitas.
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Siguiendo los consejos de Bianka en Verte me he calzado una purecito de calabaza y boniato espectacular. Nunca había probado el boniato y la verdad es que la calabaza no ocupa un gran lugar en mi dieta. Así que estoy muy contento de poder ir ampliando mi horizonte gastronómico.
Lo preparé de la manera más sencilla posible, sin rehogar ni pochar, tan solo cortados en cuadritos y hervidos pero sin pasarse. A la hora de pasarlo por la batidora le puse unos cominos tostados y luego molidos, un poco de jengibre y una cayenita desmigada y sin pepitas. Para que pique menos.
Podría haber combinado con una porter especiada de las que hizo Brewdog para esta navidad, me tuve que conformar con un vaso de agua.
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Ayer mi entorno estaba un poco alterado con la noticia de la entrada en concurso de acreedores de Público, y algunos de mis amigos se lamentaban por la posible desaparición del diario. Argumentaban que esto empobrecía a la sociedad haciendo que ésta esté peor informada. La verdad es que me calenté un poco, respondí así:
@adolfo_mg el problema es pensar q necesitas intermediarios para informarte. Una pista: internet es tu amiga.
Y pienso así porque creo que los cambios tecnológicos de los últimos años, y cuando digo últimos me refiero a hace más de 40 años, han bajado los costes de comunicación haciendo que la figura del intermediario sea cada vez menos necesaria. La existecia de los grandes medios de comunicación sólo tiene sentido en un mundo en el que el acto de comunicar es muy costoso y sólo posible economías de escala mediante. Pensemos en los costes de las grandes rotativas y en las estaciones de emisión de señal de radio o televisión.
En un mundo así, anterior a la revolución de las tecnoligías de información, tiene sentido que deleguemos parte de nuestra actividad de información en los medios de comunicación. Si quieres saber lo que pasa más allá de tu barrio sólo tienes la opción de acudir a uno de estos grandes medios. Lo que, aunque es una solución, tiene sus ineficiencias: genera cuellos de botella, escasez. Es decir, lo que no sale en los medios no existe.
La paradoja de los medios
Esto nos lleva a una paradoja, los medios de comunicación están en una posición privilegiada ya que pueden decidir la agenda pública, aquello de lo que se habla, pero a costa de tener unos costes abrumadores. Es en este momento en el que el anunciante hace su entrada en escena. El anunciante no es más que un señor con dinero que quiere comprar un hueco en la agenda pública que generan los medios.
Lo que en principio parecía un buen trato para la sociedad, nos mantenemos informados a cambio de un poco de publicidad, acaba alimentando un monstruo: los medios acaban hablando sólo de aquello que interesa a los anunciantes. Si tenemos en cuenta que los principales anunciantes son el estado y las grandes corporaciones lo que nos encontramos es que los medios sólo informan de una realidad paralela que a veces, sólo a veces, coincide con las verdadaderas necesidades de su audiencia. El resto del tiempo es más entretenimiento que información.
Por suerte para nosotros la situación ha cambiado. Los cambios tecnológicos hacen posible que actores cada vez más pequeños entren a fijar sus propias agendas. Ahora aparte de la gran agenda pública fijada por los medios hay una gran cantidad de agendas en las que cada uno habla de lo que le interesa. Pasamos de una situación de escasez a una de abundancia.
El papel del intermediario, y no sólo en el caso de los medios, cada vez es menos necesario. Y por lo visto no soy el único que piensa así. Mundo nuevo vs mundo viejo.
¿Y qué hacemos con los periodistas?
Parte de la agitación de la que hablaba al principio del post se debe a que en mi entorno hay muchos periodistas que o bien han perdido su puesto de trabajo o bien lo ven peligrar. Esto viene de la tendencia a asociar periodista a trabajador en un medio de comunicación. Creo que el gran activo que tienen los periodistas es su capacidad para encontrar historias y de contarlas enganchando a su audiencia. Algo que se lleva haciendo desde siempre, pensemos que antes de la aparición de los medios la gente se informaba a través de conocidos, o desconocidos, que por su trabajo viajaban mucho. Aquellos con capacidad para encontrar historias y contarlas se convertían en informadores, en tejedores de historias, en creadores de experiencias. Y esta habilidad es algo por lo que las empresas de hoy día están más que dispuestas a pagar.
Más les vale, sus clientes cada vez demandan más vivir experiencias en vez de consumir bienes o servicios sin más.
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