IBM Advances Analytics Skills Program To Universities Globally
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“90 percent of the world’s data has been generated in the past two years”
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“90 percent of the world’s data has been generated in the past two years”
He empezado con un curso que me parece muy interesante, tanto por el formato de curso online distribuido (MOOC por sus siglas en inglés) como por el tema: Learning Analitycs. Es decir el uso del análisis de información en el entorno del aprendizaje.
Uno de los materiales de la primera semana del curso es un video de Panagiotis Ipeirotis titulado “Big Data, Stupid decisions” que me recordaba a un comentario que hice en el blog de Bianka en el que expresaba mis dudas sobre la capacidad de determinadas personas de basar sus decisiones en análisis de datos.
En el video Panagiotis nos da sus tres claves a la hora de trabajar con datos:
Mi aproximación se basaría en tener siempre en cuenta la posibilidad de que tu análisis no sea correcto. Es decir, a la hora de trabajar con datos siempre hay muchas variables que no controlamos o que se nos pueden escapar. Por eso lo más sensato es someter a pruebas tus conclusiones antes de lanzarte a tomar decisiones importantes.
Una buena manera de hacerlo es construyendo pequeños experimentos en condiciones controladas. Volver a medir. Volver a sacar conclusiones y volver a montar un nuevo experimento. Y vuelta a empezar.
Publicado en General[compartido via Google Reader desde ProtoScholar]
One of the ways I’ve tried to ease the fears of my incoming stats students has been to point out that you don’t have to be a mathematical prodigy to be good at stats. In fact you can downright suck at math and still be a good statistician. As evidence, I put forth my own history which includes my only high school C (in algebra 1) and the C I barely squeeked out on business calc in college. I memorized enough to pass, but never understood a word of it. Plus being a girl meant that I heard a never-ending litany of how I couldn’t be good at it anyway so why try so hard.
(That high school C was a particularly traumatic experience that convinced me that I couldn’t do algebra. I later made course choices based on that particular assumption that were less than optimal.)
I’m not going to be able to use that excuse much longer. In preparation for Calculus this winter I’ve been reviewing algebra and trigonometry using a tool called ALEKS. Aleks is an online tool for both K-12 and higher education. It is a modestly adaptive tool that first gives you an assessment, then has you work through a series of exercises with explanations if you need them until you can do each problem type without help at least 3 times.
Realistically this is drill and practice work, but it doesn’t keep drilling you on concepts you’ve got. That makes it useful for the time crunched (like me).
The tool has a monthly subscription option for people who want to learn on their own (19.99/month, which isn’t bad when you only need a month or so). More important it has a course called “Prep for Calculus” that will allow a student to go through all of the standard prerequisites of calculus in an organized fashion. It doesn’t require me to re-do the pieces I know and provides enough help on the ones I don’t to remind me about all the stuff I haven’t seen since 1983.
The best part for me is that my confidence is increasing as well. As I work through the different sections I am remembering more and more. I am getting back into the habit of doing math and working through a lot of example problems that I otherwise might not have spent the time on. The tool breaks things down into small enough skills that I can master a few each day. The next day it has you review them (ie do more problems and make sure you get them right) before letting you move on. The result is that I remember more each day and am feeling better about what I do or don’t know.
If you are in the position of needing to refresh yourself on a topic or tutoring a struggling student who needs more help, take a look at ALEKS. For the price I find it an excellent bargain and the right investment for me.
Que en un momento de mi vida fui un lector de la obra de Tolkien es algo que ya he comentado de pasada en alguna ocasión. Por eso hoy me ha llamado la atención enterarme a través de Lobo de que alguien decidió en su momento contar la historia de “El Señor de los Anillos” desde el punto de vista de Mordor, los malos en el original.
Más allá de la necesidad de hacer más complejas las tramas de la literatura fantástica, lo que me ha llamado la atención es el miedo del traductor a los herederos de Tolkien. Estos señores, bajo el amparo de la ley, están decididos a no permitir obras derivadas. Por lo que esta traducción se distribuye con un For non-commercial distribution only bien grande.
Una pena que este esfuerzo, ni me imagino lo que debe ser escribir o traducir una novela de 139.000 palabras, no se vaya a transformar en riqueza para nadie gracias a nuestras amadas leyes de protección de la propiedad intelectual (de los herederos).
Me parece conveniente hablar de este tipo de cosas en épocas de SOPAs, PIPAs, Sindes y demás gaitas.
Publicado en General[compartido via Google Reader desde Vapor de hojalata]
Leyendo sobre un hábito de productividad que consiste en alternar 90 minutos de trabajo concentrado con 20 minutos de descanso, llegué a un artículo titulado The Making of an Expert. A continuación, unos rápidos apuntes de lo que más me llamó la atención.
Los tres autores –K. Anders Ericsson, Michael J. Prietula y Edward T. Cokely– citan un estudio que coordinó Benjamin Bloom y que identificó tres atributos de los participantes, todos excelentes en algún campo:
Citando más estudios similares, los autores afirman que no hay atajos al talento, que los expertos siempre se hacen, nunca nacen. Y que la cantidad y la calidad de la práctica importan mucho.
Malcolm Gladwell nos enseñó que hacerse maestro en algo lleva 10 años (o 10.000 horas) de práctica. Ahora he aprendido que la práctica adecuada viene a llamarse práctica deliberada. La práctica deliberada es la que está enfocada a ir más más allá del nivel actual, es decir, más allá de la zona de confort. Hacer cosas que todavía no sabemos hacer bien o no sabemos hacer en absoluto.
La práctica deliberada abarca dos tipos de aprendizaje: (1) mejorar las habilidades que ya tenemos y (2) expandir el ámbito y el alcance de nuestras habilidades. Estos dos tipos de aprendizaje requieren de tal concentración que sólo es posible dedicarle un tiempo bastante limitado cada día.
Si practicas con tus manos, nunca es suficiente tiempo. Si practicas con tu cabeza, dos horas son abundantes.
—Nathan Milstein
Descuidar la práctica deliberada es muy fácil. Personas que son muy buenas en algo pueden pasar a dar respuestas automáticas o basadas en la intuición, si el contexto no les permite seguir retándose con casos atípicos y situaciones nuevas. Al mínimo descuido, los sesgos empiezan a campar a sus anchas. Y con la edad, más. Lo bueno es que con la práctica deliberada se puede prevenir y para ello no faltan evidencias.
La idea de la intuición como algo al que prestarle más atención es muy popular. Hay quienes se enorgullecen de solucionar las cosas casi siempre a base de la improvisación. Y mientras es cierto que esto puede funcionar en situaciones rutinarias, sucede que la intuición, si funciona, es como resultado de la práctica deliberada que «ha puesto cerebro en los músculos».
El experto, para poder ser considerado como tal, ha de pasar tres pruebas:
Si no se puede medir, no se puede mejorar
—Lord Kelvin
No por ser el último punto, es menos importante (la razón de ser el último punto es la imagen): de maestro necesitamos a una persona que no sólo nos acompañe en esa práctica deliberada sino que nos enseñe ser nuestro propio maestro.
Publicado en Blogmarks, miniposts