La ética del hacker
Cuando en Como una enredadera escribia que era el reconocimiento lo que movia a los hacker, en el fondo sentía que me faltaba algo. El simple reconocimiento no basta para explicar por qué alguien se dedica a una actividad por su cuenta, sin esperar remuneración económica. En los comentarios me apuntaban que no es cualquier tipo de reconocimiento, sino el reconocimiento que viene de los pares, incluso apuntaba al reconocimiento que se da en comunidad. Lo cual era una explicación un poco mas concisa, pero creo que no estaba completa.
Me faltaba una pata, la pasión. Es la pasión la que te mueve a currar en algo durante horas sin esperar dinero a cambio. Esta pasión viene dada por la curiosidad inherente a la persona. Como dice Himannen:
La razón por la que los hackers de Linux hacen algo es que lo encuentran muy interesante y les gusta compartir eso tan interesante con los demás. De repente, se obtiene entretenimiento del hecho de estar haciendo algo interesante
Esta actitud, no es exclusiva de los hackers, sino también se puede encontrar en la comunidad académica, en los artistas, en los artesanos… intuyo que tiene que ver con la posibilidad de hacer algo que te resulte interesante por si mismo.
Esto choca de plano por lo que el autor de La Ética del Hacker llama la ética protestante del trabajo. En dónde el trabajo es un fin en si mismo. No es tan importante el resultado del trabajo como el hecho de estar trabajando, esforzándote en algo.
De este modo el trabajo se realiza con las mandíbulas prietas y con una actitud de atormentada responsabilidad
Otro pilar de la ética protestante del trabajo, o de lo que el autor llama el monasterio es la aceptación sin discusión, ni posibilidad de crítica de las ordenes de los superiores.
La combinación de estos dos valores reducen a trabajador a un autómata que ejecuta las órdenes recibidas sin cuestionarlas. Y por supuesto, sin reparar en el esfuerzo. Ya que el esfuerzo es un bien en si mismo, …y ganarás el pan con el sudor de tu frente… ¿recuerdan?
El problema viene cuando todo esto no encaja en el mundo actual dónde lo que añade más valor es la creatividad, la generación de conocimiento. Y la creatividad no suele prosperar en un ambiente en el que la critica brilla por su ausencia y los trabajadores están agotados por un esfuerzo no necesariamente productivo.
Un nuevo paradigma
Por experiencia popia se que en las empresas españolas se bascula entre esta ética protestante del trabajo y lo que el autor llama ética pre-protestante, yo prefiero llamarla católica, en donde el trabajo es una maldición a evitar.
Esto hace que sea necesario un nuevo paradigma de organización, y en la búsqueda de éste nos encontramos con la academia, y su proceso de acercamiento a la verdad. En el entorno académico la verdad se va construyendo gracias a las aportaciones de sus miembros, que publican sus investigaciones, y a la crítica constructiva de los demás. Y vuelta a empezar, ya que estas aportaciones, y las criticas correspondientes, serán tomadas como bases para nuevas investigaciones. Que se convertirán en nuevas aportaciones que serán depuradas en el proceso crítico. Para así, poco a poco, ir avanzando.
Este proceso requiere que la información se libere, se publique, y se citen las fuentes, se reconozca a los autores en los que está basada. Cualquiera que no cumpla con estas condiciones será apartado del circuito generador de conocimiento.
Estas són también las bases de la ética hacker del conocimiento. Ya que se considera que la información es algo tan importante que merece ser libre y el reconocimiento de los pares es algo básico.
Es en contextos como estos en dónde se genera conocimiento, innovación. No en viejas fábricas de atmósfera agobiante en dónde un líder al que se considera omnisciente dirige y regula toda la actividad.
Una consecuencia de esta actitud o forma de organizarse es que la práctica desaparición de las jerarquias ya que entorpecen. Ya no se trata de recibir ordenes, acatarlas y ejecutarlas. En este ambiente se tiende a estructuras más planas. O incluso plurárquicas, en dónde alguien propone y el resto se adhiere según su parecer.
Otra de las consecuencias es la potenciación del modelo de aprendizaje abierto, un modelo de aprendizaje colaborativo, crítico, orgánico. En el que según vas aprendiendo, vas enseñando a los que vienen detrás de tí. De esta manera te apropias de lo aprendido y favoreces a los demás de la misma manera que tu te beneficias del aprendizaje de los otros. Generando contenidos abiertos que quedan a la libre disposición de los demás. Se aprende en comunidad, por vocación nunca por obligación.
Un nuevo modelo de organización del tiempo
Todo esto que hemos visto no cuadra con la dicotomía entre trabajo y ocio. No cuadra con la ruptura entre “lo que hago para ganarme la vida” y “mi vida” que genera la preponderante concepción del trabajo. Si a lo que te dedicas es tu pasión, lo que te gusta, no tiene sentido desgajarlo del resto de tu vida. Lo que haces, es tu vida.
Así, poco a poco, va perdiendo sentido el horario de trabajo 9 a 5 (ó 7 ó 10) y luego me dedico a mis cosas. Si lo que haces te llena iremos pasando a una manera más flexible de organizarnos el tiempo, con huecos para las otras cosas que también nos llenan: cuidar de nuestros hijos, quedar con los amigos, otras actividades que nos atraigan pero a las que de momento no saquemos rendimiento económico, aprender… descansar. Y así vamos llenando las horas, desarrollándonos plenamente como personas en todos los aspectos de nuestra vida.
Pero para llegar a esto se nos hace imprescindible que haya ciertas condiciones previas, la primera es que haya libertad de expresión. Este modelo se basa en la libre circulación de la información y en la actitud crítica. Si no se da la facilidad para que la información circule, si la comunicación está amordazada, si no se puede demostrar tu disconformidad con algo sin temor a las represalias, el conocimiento no avanzará. Se produce el estancamiento típico de las comunidades cerradas y de pensamiento único. El estancamiento que vemos en la sociedad actual. Esta sociedad en la que cada vez es más común que en nombre de la seguridad se intente controlar todo lo que decimos o hacemos y en donde la diversidad cada vez lo tiene más dificil fuera de los cauces políticamente correctos, permitidos.
En definitiva, necesitamos libertad porque libertad y creatividad van de la mano y la creatividad es es la fuerza que mueve todo, es el goce por crear algo nuevo y ver que funciona, por ofrecerlo al resto, compartirlo, mejorarlo. Esto es lo que nos mueve. Es el sentido de la vida. No lo es el trabajo por el trabajo, ni el ocio contemplativo. Es hacer para disfrutar, para compartir, para mejorar.
Publicado en GeneralEtiquetas: indias
12:56
Julio
Interesante lectura, complementando a “como una enredadera y no como un árbol”.
Quiero puntualizar sobre la referencia a la Academia que aparece en tu post y es recurrente en el texto de Himanen.
Comparto todas las referencias si entendemos las Academia como concepto abstracto, tal como la definieron Socrates y Platón, pero me parece importante recalcar que este concepto no corresponde en absoluto con la institución universitaria contemporánea, por lo menos en el ámbito occidental.
En mi corta experiencia universitaria (como estudiante y becario eventual, en la Universitat de València y la Autónoma de Barcelona) todo apunta en esta divergencia.
La idea del “conocimiento abierto y distribuído”, choca frontalmente con la rígida jerarquización de los estamentos, con la obsesión por las cátedras o matrículas de honor, o la competencia entre autores y estudiantes. Podría contar sucias anécdotas sobre robos de artículos al asalto del despacho vacío del compañero de pasillo, o de profesores que denuncian a sus estudiantes por fotocopiar los libros de los que son autores, etc.
Hablando siempre desde una experiencia personal (no necesariamente generalizable, pero al menos orientativa), diría que la pasión intrínseca por el conocimiento y el trabajo intelectual está bastante ausente de los departamentos y las aulas, habiéndose implantado una “ética protestante” y una obsesión por las recompensas asociadas al estatus académico.
Es por esto que una de las cosas que más valoré de las ZTAs que fueron las okupaciones “anti-bolonya” del pasado año (en Barcelona, Valencia, y otras) fue la voluntad de mantener una actividad intelectual autónoma, con foros de debate, talleres, asambleas… Se dijo con demasiada insistencia que los críticos con bolonya tenían miedo de la integración europea, la competencia y la excelencia; más bien puede que “Bolonya” fuese sólo una punta del iceberg que focalizó el descontento general frente a esta metamorfosis fabril que hizo de la Academia un monasterio.
17:59
Fer
Bueno, en realidad entiendo el concepto de academia como algo amplio, no me refería a la universidad actual. Evité en todo momento usar esta palabra porque para mi la universidad actual tampoco representa este ideal.
Hace tiempo que no tengo relación con el mundo universitario, pero la idea que me quedó es de todo lo contrario a lo que hablo en el post. Quizá en otros sitios sea de otra manera, pero lamentablemente lo que yo vi en la uni, en España, era otra cosa.
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Ivan
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