Dos pelis, dos perspectivas, un momento histórico.
Estamos a finales de los ochenta, el ambiente es de cambio. Se huele en el ambiente. Pero según desde dónde situemos nuestro punto de vista la perspectiva es diferente, KGB, Computer and me y 23 son dos visiones de lo que estaba sucediendo en aquel momento.
En KGB, Computer and me vemos el lado amable de toda esta historia: desde Estados Unidos un simpático astrónomo, un tanto friki pero majete, empieza en un nuevo trabajo en la Universidad de California. Básicamente se encarga de que toda vaya bien en los servidores. Su primer encargo: alguien está entrando en los servidores sin permiso y está consumiendo tiempo de computación. El informe de contabilidad no cuadra y hay que hacer algo. El típico marrón que le dan al nuevo.
Nuestro prota se lo toma como algo personal, un desafío intelectual en el que va tirando del hilo, a veces literalmente, embarcando a más y más gente hasta que logra dar con el intruso.
Es una visión amable, casi lúdica en dónde en un tono un tánto didáctico nos va explicando cómo se organizan las redes, los desafíos a los que se va encontrando y el modo de enfrentarse a ellos… como en un juego. El momento de la señora que juega al Scrabble me parece que marca un antes y un despues en la historia de la televisión. En serio.
Poco a poco va haciendo avances en su investigación, y según va avanzando se va dando cuenta que la cosa es un poco más seria de lo que suponía al principio. Ya no parece que el intruso sea un hacker gamberrete probando dónde puede entrar y dónde no. El intruso en cuestión tiene cierta preferencia por instalaciones militares, la CIA… Me gusta el momento en el que explica cómo teniendo acceso a informaciones no clasificadas por no ser peligrosas en si mismas se puede llegar información que sí debería estar protegida. Toma análisis de redes.
Esto nos da idea de en que momento histórico nos encontramos, la tecnologia de la información y las redes está disponible pero la gente que hace uso de estas tecnologias no siempre es consciente del verdadero potencial de las mismas. Sólo algunos avispados erán capaces de darse cuenta y lo aprovechaban. Lo que nos lleva al otro lado de la historía.
Mientras tanto en la vieja Europa.
23 nos relata el ambiente europeo de esta misma época. Una Europa dividida por el muro. Oscura. En esta atmósfera se mueve nuestro protagonista, un joven alemán obsesionado por ir más alla de la realidad que le rodea, por enfrentarse a su padre, por buscar su sitio.
Al principio para él el hacking sólo es una forma de encontrar a gente con la que compartir intereses, que no se conforme con lo que le viene dado, que vaya un poco más allá. Va empapandose del discurso de “la información quiere ser libre” y la ética hacker.
Pero pronto todo se va a complicar. En su afán de protagonismo y de explorar más allá de las reglas establecidas se va metiendo en una red de espionaje que vende información al KGB.
Al principio es un desafío, con un simple ordenador personal de la época es capaz de meterse en sitios oficiales, burlar sistemas de seguridad, robar información, sentirse poderoso desde su habitación. El subidón de autoestima que da resolver problemas complejos, el dinero de los rusos, el condimento picante de la ilegalidad anónima. Todo esto le lleva a una luna de miel en dónde cada vez se siente más y más audaz.
Desgraciadamente, al poco tiempo verá como ya no toma coca por placer sino para seguir trabajando, que ya no hackea por convicción sino para conseguir dinero, dinero que debe utilizar para pagar sus crecientes deudas… La paranoia se apodera de él, la policía le vigila, empiezan los remordimientos, la culpa. El aprendiz de brujo se derrumba, y como dice en su declaración cuando confiesa todo a la policía, muere el cracker (Hagbard Celine), la persona continúa (Karl Koch).
Lamentablemente no será así para él, acaba sus dias calcinado en su propio coche en circunstancias poco claras. Con este golpe de realidad acaban ambas películas. Como se acabó en su momento la imagen idealizada del hacker-cracker.
Ciberpunk en España.
Es en esta situación história cuando nace el movimiento ciberpunk español, influidos por los movimientos políticos de la época: caida del muro, caida de Ceaceuscu en Rumania, los movimientos en contra de la primera guerra del Golfo en España….
En un ir y venir, apareciendo y desapareciendo, pero siempre de la mano de los movimientos políticos y sociales de la época, el grupo va perfilando, rumiando sus convicciones. Partiendo del originario grito de guerra hacker: “la información quiere ser libre” y el rechazo frontal a la propiedad intelectual se va evolucionando e incorporando lo aprendido en años de activismo. La guerra de Kosovo supone un punto de inflexión, la épica del cracker llega a su fin y se vuelve al concepto del hacker como bricoleur.
Los últimos años del grupo son de una gran intensidad, tanto en activismo como en debate. Explorando conceptos como plurarquía, sionismo digital… pero quizá esto es adelantarse demasiado. Mejor todo esto lo vemos con calma más adelante.
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11:37
David
Qué guay! Empezamos a llegar al nodo, verdad? Aquí empieza la historia y no deja de ser interesante que desde el primer momento haya esa diferencia entre un lado y otro del Atlántico y al mismo tiempo tanta relación…
14:56
Fer
Sí, parece que ya vamos llegando. Sabes, hace ya casi 10 años, desde que me diste clase en la Carlos III, que leo lo que vais escribiendo y ahora voy entendiendo el contexto, de dónde viene todo eso que he estado leyendo este tiempo. Mola ir relacionando ideas, ir entendiendo el porqué de las cosas, jeje.
Y sobre lo de las diferencias en un lado y otro del Atlántico… bueno, sin hacer un análisis profundo creo que las diferencias son principalmente culturales, no? Europa y América vienen de tradiciones muy diferentes y eso hace que se afronten las cosas de manera distinta.
Bueno sigo con Gibson, aunque cada vez más impaciente por dejar el contexto y meterme ya en harina!!!
15:45
David
jajaja áun queda contexto… de hecho cuanto más cercano, más interesante!!
19:11
Julio
Acabo de ver ambas pelis, empiezo a preparar el post… Me hace gracia eso que dices de los dos lados del Atlántico, hace poco un amigo comentaba algo parecido sobre economistas:
http://unterreterquelconqueinamerica.blogspot.com/2009/09/en-esta-orilla-del-atlantico.html
En este caso, la diferencia de perspectivas es más que evidente: por un lado el intenso drama-thriller alemán, por el otro la comedia ligera americana. Esta última da bastante risas en algunos aspectos, como el pelo del astrónomo americano estilo “regreso al futuro” (bueno, también puede ser por la década, en mi generación estas cosas suelen hacer gracia). Pero sí, esta diferencia de perspectivas parece que viene de largo: caso paradigmático el de Adorno en el exilio yanki trabajando con Lazarsfeld en estudios sobre los medias, cargando contra el jazz e idolatrando a Schönberg…
No sé yo si poco a poco estas diferencias se irán diluyendo, dándose indistintamente casos de ambos polos en cada orilla del Atlántico.
6:39
David
Pues fíjate que creo que mientras la globalización si que hace comunes muchas referencias (sobre todo referencias del anglomundo y su cultura popular), el cogollito cultural, el “software” básico de interpretación, sigue estando en una capa muy profunda. Tengo la impresión a veces de que de hecho es más común que cambie (y se coja a bloque la cultura anglo por ejemplo) que que se mestice…
8:33
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12:18
Alelanta
Las pelis son casi que opuestas, con una me reí, con la otra me angustié. ¿No es así la forma en que podemos ver las cosas? Depende de cómo lo veas, será cómo lo experimentes. De ambas rescato la forma artesanal en que se empiezan a dar las relaciones con la tecnología, cosa que creo se mantiene hoy en día (a diferente escala obviamente). Con tu resumen… acaso no era necesario verlas? Saludos!
4:54
Ivan
¡Qué bueno el post, Fer! Sobre todo cómo recalcas la deriva de los personajes a lo largo de la historia. De hecho, ¡son simétricas! Para el americano el trabajo se convierte en juego y para el alemán el juego se convierte en trabajo. Las dinámicas que siguen ya son las propias de ir extremando las situaciones respectivas.
Sobre el abandono de la ética del hacker en favor del aspecto práctico, supongo que cuando algo como los ordenadores y su conocimiento se populariza tanto, es difícil que la comunidad de usuarios continúe manteniendo posturas morales compartidas.