Mirrorshades

Mirrorshades es una colección de cuentos representativos de la literatura ciberpunk, editado por Bruce Sterling a finales de los 80.
Como en toda colección de cuentos hay algunos que son interesantes (El continuo de Gernsback, Stone Vive p.ej.) y otros que encuentro prescindibles (Los cuentos de Houdini, Los chicos de la calle 400).
Es interesante la manera en que los distintos autores construyen sus universos particulares, casi siempre futuristas, otras veces más bien atemporales (Petra). Con ambientes muchas veces agobiantes (Zona Libre), fuertes referencias a un futuro dónde los estados cada vez juegan un papel menor en favor de las empresas (Stone Vive, Solsticio, Zona Libre). Con personajes muchas veces acabados, perdidos (Estrella Roja, Ojos de Serpiente). Y casi siempre con toda la parafernalia de implantes, tecnología, referencias a nuevas y viejas drogas, distopias, etc que caracterizan a este género.
Me ha parecido especialmente curioso Mozart con gafas de espejo, donde se describe un interesante caso de colonización temporal. O el caso del primer hombre que piso Marte en Estrella Roja, Órbita invernal, que es abandonado a su suerte por los burócratas de una URSS victoriosa de la guerra fría porque deciden poner fin a la carrera espacial. Entonces es cuando aparecen unos ocupas que llegan a la abandonada estación espacial en busca de las ultimas fronteras. Creo que es una bonita parábola sobre como los espacios que los viejos gobiernos no pueden ocupar son aprovechados por aquellos que buscan libertad.
Asique como dice el protagonista de El continuo de Gernsback cuando es acosado por visiones de una américa futura poblada por estereotipos andantes: “Podría ser peor, o incluso mucho peor, podría ser perfecto”
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4:48
David
Personalmente no creo que esta antología sea lo más representativo. Ni Cadigan ni Rucker están realmente bien representandos (creo que Rucker ni sale) por ej. Pero sí, es una buena intro. Como siempre también con lo que menos nos gusta (los chicos de la calle 400 por ej).
Hay imágenes muy potentes en el libro y creo que has reconocido algunas de las que se tornaron más significativas con el tiempo:
La imagen de la familia que construye un módulo en órbita y toma para reciclar el módulo soviético donde el otro se está asfixiando, es una metáfora de la potencia que Sterling y Gibson veían ya en los hackers. Es muy guapa la frase que le dice el chico al cosmonauta.
El sentido del tiempo y la potencia del mito están en el continuo de Gernsbach y en Mozart con gafas de espejo. La tesis de ambos es que el futuro es quien modela el pasado para significar el presente, al punto de que los futuros imaginados nunca acaban de irse (el continuo) o de hacer simplemente absurda toda pretensión de inebitabilidad histórica (gafas de espejo).
Dale una vuelta a esto último comparando con la visión temporal de los nacionalismos o de la izquierda de la época: un pasado glorioso e incuestionable (el origen nacional o la revolución del 17 que en la época se celebraba cada año con un gigantesco desfile y manifestaciones, en América el 59 cubano), el peso de lo muerto (la clase histórica con sus gestas, los héroes patrios) imponiéndose sobre los vivos que siempre salían como seres menores en el relato (el proletariado consumista y adocenado, las tradiciones colonizadas por unos u otros).
Algunos tomamos esta idea gibsoniana como la base que nos permitiría existir socialmente, tener un cuento propio. Estábamos hartos del fantasma -no gernsbachiano, pero casi- de la utopía socialista y sus consecuencias.
De hecho el catastrofismo (verde o social) como ideología surge en esos años. Si durante años habían repetido que la alternativa era “socialismo o barbarie” y era obvio que el socialismo se caía a cachos, la única opción que daba el relato del pasado era la barbarie. La izquierda se empeña en demostrar que estamos entrando en la barbarie e identificará la globalización con ella. La catástrofe era necesaria para mantener el esquema: para unos medioambiental, para otros social (las multinacionales), para otros sanitaria (son los años del SIDA).
Pero la realidad no daba para tanto pesimismo. Los primeros signos de globalización lo que mostraron fue a millones de personas (taiwaneses, koreanos, luego sudafricanos etc.) saliendo de la dictadura y la miseria. Pronto caería el Muro y la perspectiva es que el Este europeo evolucionara de modo similar.
¿Por qué no elaborar un relato del futuro que nos diera un lugar en el presente? ¿Los hackers no representábamos algo nuevo, una forma de vivir y producir fuera de las agobiantes jerarquías de unos y otros? ¿Qué tal empezar por contar el mundo de una forma nueva? Por supuesto esta jugada reordenaría también el pasado… pero… ¿por qué no?
11:16
Sonia
Efectivamente, seguramente lo más interesante del libro sea la metáfora de cómo el futuro determina el pasado y su comparación con el procedimiento de creación de mitos nacionales.
Asumiendo también que presente y pasado funcionan como equivalentes desde el punto de vista del futuro -el supuesto presente no es más que un pasado un poco más reciente- el futuro decide el presente.
Y al romper la causalidad histórica vislumbramos que el ciberpunk siempre ha estado hablando de un nosotros situado en el ahora.
Este libro y otros que vendrán después hablan de la política, al margen de la estética. De un pasado y un presente que es difícil confrontar sin la distancia que da la ficción futurista. Ficción que da cabida a que la hibridación haga aflorar nuevas formas de definición. No es relativismo, es deconstrucción. Y no es derrotismo, sino cuestionamiento.
Asumir que no existe una verdad inamovible (ni nacional ni de otros tipos) es la vía hacia la propia definición de nuestro presente, porque sin esa verdad no puede existir un pasado inamovible. La imaginación de futuros proyecta un pasado que desmembra los discursos oficiales, porque el pasado no es más que la construcción colectiva de un mito interesado.
Y su redefinición abre caminos que son arduos porque exigen un elevado nivel de libertad, de ética hacker. Porque nos sitúan en el papel de Dios, de Historiador, de relator de contextos, de nuestro contexto y nuestra vida sin marcos o constructos imaginados a los que agarrarse.
Da vértigo cuando lo piensas pero, como dice David, ¿por qué no?