Ciberia

“Nuestra cultura se basa en la Capacidad de la gente para controlarlo todo. En cuanto adoptas la confusión como modo de vida, asumes que en realidad no lo controlas todo. En el mejor de los casos, te limitas a hacer surf”.
“El acceso de las masas a la tecnología de redes hace tambalear los centros de poder históricos”.
Con frases como estas Douglas Rushkoff se adentra en el movimiento ciberpunk de los 90 en la costa oeste estadounidense. Este movimiento cultural nacido en los 80, quizá ha pasado un poco desapercibido para el público en general. Como dato decir que el libro Ciberia, vida en las trincheras del ciberespacio, fue publicado dos años después de que su autor lo escribiese porque a sus editores no les parecia que el tema de internet fuese a tener ninguna repercusión.
A pesar de todo esta corriente si que ha influido en la estética de algunas producciones que llegaron al público masivo como Blade Runner, Matrix y quizá hasta Mad Max. En cómic, a un nivel quizá no tan masivo, en Transmetropolitan.
A través de entrevistas noveladas a distintos personajes que están envueltos en distintas facetas de este movimiento: hackers, usuarios y camellos de alucinógenos y drogas inteligentes, músicos, etc el autor va desgranando los principios fundamentales de esta subcultura.
Por mi parte lo más interesante es ver como esta gente estaba inmersa en un gran cambio cultural, producido principalmente por el acceso a la información que dan las nuevas tecnologías, dan el paso de ser meros receptores a manejar ellos mismos la información. La gente empieza a deconstruir y con las piezas empiezan a transformar la realidad a su alrededor para adecuarla a sus gustos.
“El hechizo hipnótico de la televisión se rompe cuando la gente aprende a deconstruir, recombinar las imágenes”.
Bricolerismo y emponderación.
Esta ruptura con la realidad anterior se da a traves de la sicodelia, la teoria matemática del caos, los fractales, programación y la música house. Todos aspectos nuevos que exploran más allá de las convenciones establecidas y ayudan a intuir una nueva realidad, lo que llaman Ciberia.
Esta Ciberia aparece como un caos distribuido dónde la información corre a la velocidad de la luz, las redes intercambian información de manera que un movimiento ocurrido en cualquier parte del mundo es escuchado y repetido por todo el mundo. Puesto en matemáticas del caos: el aleteo de una mariposa en Nueva York causa un tifón en Tokio.
Son las personas que se han dado cuenta de esta nueva realidad, las que usan las nuevas herramientas, las que parten con ventaja. En una parte del libro narra cómo estas personas hacen uso de las redes preexistentes y de la información para conseguir sus fines. Unos años después ya no es la sociedad civil la que hace uso de estas herramientas sino los gobiernos.
El segundo tercio del libro da, para mi gusto, demasiada importancia a los alucinógenos. Quizá sea porque en el momento que se escribió, principios de los noventa, los 60-70 quedaban todavía demasiado cerca. Sería interesante conversar ahora casi veinte años después con esas mismas personas para ver que opinan de todo aquello una vez pasada la euforia de las setas, el LSD, el extasis, etc. En mi opinión este tipo de drogas pueden jugar un papel a la hora de romper con la tradición ya que pueden aportar una nueva perspectiva. En realidad lo único que hacen es cortocircuitar el cerebro y hacer que funcione de manera distinta. El problema es que la confusión que causan hace dificil sacar conclusiones.
Me siento mucho más cercano al personaje jugador de rol. No sólo porque yo también jugué intensivamente, sino por la actitud lúdica que adopta. Como él mismo dice “el mundo es un gran patio de juegos”.
No pretende cambiar nada sólo experimentar, aprender.
Esta actitud junto con la emponderación y el bricolerismo son para mí lo más interesante de este libro.
Publicado en GeneralEtiquetas: argentina, indias
5:14
David
Comparto y me gusta ese contraste entre los “psiconautas” y los jugadores de rol. A las finales la experiencia del rol (vivir identidades coherentes en profundidad en comunidades delimitadas por un relato) fue mucho más importante para configurar y predecir la vida en la red que las drogas.
Aquí también es importante la diferencia entre el anglomundo y el resto. California había sido el corazón de la experimentación con drogas, las comunidades “alternativas”, los gurús orientalizantes, la psicodelia, el ecologismo de vuelta al neolítico… y eso impregnó con muchas contradicciones todo ese entorno. Contradicciones que pasan en bloque al mundo -mucho menos exigente intelectualmente que la literatura- de la primera música electrónica, en que se centra Ruskoff. En ese mundo usar palabras como “ciberpunk” ha sido hasta hace poco más una etiqueta de guaysismo que servía para dar contexto cool a una estética vacía que un posicionamiento fundamentado con alguna implicación social o política.
De todas formas unas matizaciones: ese mundo rodeaba al ciberpunk norteamericano pero no era el ciberpunk, que era mucho más limitado en número y discurso y distribuido geográficamente dentro de EEUU. Los ciberpunks de la época eran un grupito de una veintena de amantes de la ciencia ficción que estaban en ruptura con Asimov, los futurianos, etc. entre otras cosas porque habían tenido referencias culturales distintas: pretendían escribir al modo de la alta literatura y hacer de la ciencia ficción un género político, no mero entretenimiento pulp.
PK Dick y su llegada al cine (Blade Runner) no fue un producto de la influencia de aquellos jóvenes escritores, más bien al contrario. La estética oscura de Blade Runner fue la que influyó en sus libros y no al revés.
El ciberpunk literario de Sterling, Gibson, Cadigan, Rucker, etc. toma en realidad cuerpo sólo cuando llega a la mucho más ideologizada y muchísimo menos cool Europa. Aquí sirve para experimentar una nueva forma de relatar/predecir/postular ideas. Algo que hacía más que falta el contexto de finales de los ochenta, cuando el mundo ideológico en el que las generaciones vivas habían crecido (guerra fría, miedo a la bomba, oposición comunismo-capitalismo, estructuras jerárquicas) empiece a caerse a trozos sin que los viejos esquemas puedan aportar explicaciones distintas de justificaciones retrospectivas.
En el anglomundo el ciberpunk fue un movimiento literario que se disolvió en estética. En Europa se materializó en visiones del mundo y programas políticos. Pero eso vendrá después en el itinerario…
17:52
Fer
Lo he pasado por alto en el post, pero cuando estaba leyendo todo el tema del chamanismo, gaia, etc me echaba un poco para atrás… en fin, supongo que en la guay California la cosa quedó un poco diluida. Veremos como sigue la cosa.
Poco a poco, pero sigo!
5:27
Sonia
Sin embargo yo pienso que en la tesis de Ciberia los juegos de rol, las drogas o la teoría de Gaia son sólo instrumentos que sirven a un fin superior: el constructivismo sistémico. Tal como yo lo entiendo de lo que se trataba era de asumir que no existía una única verdad, y eso daba la posibilidad de ejecutar un hackeo en el mundo desde su cotidianidad a sus aspectos más profundos. Tomar LSD o jugar al rol no significan, en sí mismos nada, excepto si funcionan como vehículo para reconfigurar estructuralmente el mundo, el cerebro, la vida. Y cada cuál ha de decidir que instrumentos elige y asumir sus riesgos.
Eso lo sabe bien el dios Enki, al que ya conocerás más adelante. Pero, en cualquier caso, si asumimos que no hay una única verdad, si creémos, en definitiva, en un politeismo donde cada uno es capaz de juzgar su propia felicidad de lo que se trata es de rechazar cualquier práctica que se nos intente imponer como necesaria. En la contingencia de la realidad múltiple (que no relativismo) lo fundamental es introducirse en las grietas y hacer lo que sabemos: hackear. El cómo, si no daña a nadie, pierde importancia.
10:50
Fer
Estoy de acuerdo en que cada uno debe buscar su camino, sus herramientas. Si a tí te vale, estupendo. Lo único, es que creo que el camino que elijas, las herramientas, te llevarán a un sitio o a otro. Cada uno decide.
Bueno, sigo leyendo y seguiré posteando. Nos leemos!!
16:39
Leti
Creo que el medio, el camino, modifica a dónde se llega y cómo. En este caso a Ciberia, que es en sí misma un proceso de cuestionamiento de la realidad preconcebida y “aceptada”. Por eso mismo, el camino que se elija para abordar este cuestionamiento, esta desestructucación tiene relevancia, todos son igualmente válidos, pero no iguales. Eso es lo que hace que elijamos unos y no otros.
A Enki debo estar a punto de conocerle
18:46
David
Depende qué herramientas. Las herramientas informacionales tienen una estructura y la reproducen, generando una estructura de poder implicita en la topología de la red que crean (también eso llegará).
Pero lo implícito en cosas como los juegos de rol es escaso como genérico o depende del juego en cuestión. En la época se iniciaba el camino de los juegos conversacionales (cuya obra maestra para mi es Mascarada) tanto presenciales como virtuales. Ese es el terreno natural del hackeo en un espacio de realidades múltiples, de poli-identidad, como decía Sonia. Eran un entrenamiento a lo que vendría después, a lo que somos: gente capaz de deslindar identidades y representaciones y por tanto de no ser subsumidos por el nacionalismo o la eterna nostalgia de las viejas ideologías.
Sobre las drogas una cosa es el balance que se haga ahora y otra el discurso que se hacía/creía en el momento, y por tanto cómo se vivían y relataban. Y en ese ambiente californiano todo iba junto y hasta cierto punto -que para ellos era todo menos evidente- hacía parte de lo mismo, como dice Sonia. En Europa, como también saldrá, las drogas eran muchiiiiiiisimo menos lúdicas y tenían que ver con la descomposición social que entonces tan sólo asomaba la patita.
Y un aviso: La lógica de este itinerario no es la adhesión. No es un corpus ni pretende serlo. Es un itinerario relativamente realista que huye de idealizar el ciberpunk y el movimiento hacker en su conjunto, por mucho que nosotros nos identifiquemos con ambos y hayamos jugado un cierto papel en su historia.
El mundo que nos tocó, que nos toca vivir no es un mundo ideal y la gente que aprendimos ciertas cosas no tuvimos un “camino de iluminación” en plan Buda. Teníamos la presión de una cultura “guay” y superficializante, de unas ideologías que eran muertos andantes y de un underground que tenía casi tanto de impostura como las anteriores. Pero con esos materiales tuvimos que empezar a cuestionar y construir… a hackear… precisamente por eso cada pieza construida que dura y demuestra solidez (la ética hacker del trabajo, el devolucionismo, la democracia económica, la plurarquía…) se convierte en un verdadero tesoro. Nos costó construirla y lo hicimos a pesar de la cultura entorno, no gracias a sus “tendencias”.
13:17
Fer
En realidad de este itinerario lo que espero es esto, ir leyendo, escribiendo, comentando, conversando y seguir aprendiendo… Supongo que por las distintas trayectorias vitales que tenemos nuestra aproximación a las cosas será distinta, pero a través de esta conversación iremos aprendiendo, dándo forma a los conceptos, quizá dando forma a nuevas ideas.
Ya iremos viendo dónde nos lleva todo esto.
Seguimos leyéndonos.
5:35
Sonia
Una vez más en este caso hay que hacerse dos preguntas importantes, la primera es el quién y la segunda para qué. Eso es lo fundamental. Lo demás, en tanto que herramientas, constituyen algo secundario.
Si el quién juega al rol porque todos sus amigos lo hacen, sin establecer ningún tipo de relación entre eso y las identidades múltiples que, como bien dice David constituyen el terreno natural del hackeo, no llegará a ningún sitio. Lo importante es el quién y el para qué. El cómo es posterior y menos relevante.
Efectivamente, y los que vivieron el auténtico ciberpunk como David lo saben mejor que nadie. Ciberia no estaba precisamente compuesto por un puñado de jóvenes sanotes que encontraron de repente el camino de la iluminación. Es un grupo de gente que se manchó las manos y las almas para poder deconstruir la realidad cuando todavía no existían referentes claros de cómo hacerlo. Y que tuvo que aprender a hacerlo todo, peldaño a peldaño. Y lo hizo a través de todos los medios que tuvo a mano, aprendiendo y corriendo muchos riesgos con ello.
Esos mismos que toman el LSD en Ciberia, los que lo hacían no para pasarlo bien sino para tratar de sobrevivir y hackear, son los que luego escribieron y generaron lo que ahora estáis leyendo. Los que eran meramente guayses californianos son el antecedente de los pastilleros de la ruta del bacalao. No metamos a uno y al otro en el mismo saco, lo importante es el quién y el para qué. Sin esas preguntas la perspectiva se pierde.
Y, Leti, Ciberia va más allá del cuestionamiento de la realidad preconcebida y aceptada, es el convencimiento de que no existe esa realidad, ni una única verdad indiscutible. Y las consecuencias de ese convencimiento son duras, pero también son lo único que permite el hackeo.
16:00
Leti
Seguro. Yo creo que el cuestionamiento es el principio. Y eso lleva a entender la “realidad” no como una sola verdad. Creo que ambas cosas están totalmente ligadas, ya que una surge a partir de la otra. Y también creo que las consecuencias son inevitables si cuestionas cosas que para muchos son incuestionables.
17:12
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