Android y las redes de objetos
Android es la nueva joya de la corona de Google. Un sistema operativo que utiliza Linux como núcleo y que posiblemente revolucionará nuestra relación con los objetos. Se puede ver Internet como una gran nube eléctrica que almacena, manipula y transmite información. Algunas veces descentralizada, otras más o menos distribuida, sea cual sea la forma en la que los nodos que la componen se conectan entre sí, mi impresión es que gran parte del volumen de información se compone siempre de noticias.
Internet siempre ha sido un medio para humanos, la información que circula a través de la Red está elaborada por y para nosotros. Si quiero saber qué está pasando en un lugar tengo que encontrar a alguien que me lo cuente mediante la elaboración de una noticia, un artículo de blog, etc. Exceptuando unos pocos datos accesibles públicamente de estaciones metereológicas y mapas de satélite, la mayor parte de lo que leemos en la Red ha tenido que ser manufacturado artesanalmente (es decir redactado) por una persona. Y eso es porque hay menos distancia (en complejidad) hasta el bit desde las ideas que desde la realidad material. Un ejemplo claro de nuestra esmerada dedicación en transformar ideas en bits son los metaversos virtuales, reinos de la información donde nuestro pensamiento digitalizado (el sueño de la razón…) se pervierte hasta el punto de tomar en serio utopías grotescas como el transhumanismo (… produce monstruos). Así que la Red es la Internet de Información, hasta ahora, cuando todo apunta a querer transformarse en la Internet de las cosas.
Ya hay microchips hasta en las zapatillas deportivas, en cada micro un programa ad-hoc que ejecuta un proceso concreto y determinado provee de inteligencia al objeto pero lo mantiene aislado del resto de chips, que hablan un lenguaje distinto y que nunca fueron pensados para comunicarse entre sí. Nuestros objetos son inteligentes a la vez que autistas.
Y ahí es donde entra Android, un sistema operativo